Bosnia
Herzegovina

Los tratados de Dayton en noviembre del 95 marcaron el final de la guerra de Yugoslavia y el inicio de la posguerra, después de 12 años Bosnia-Herzegovina sigue haciendo camino. Las diferencias étnicas entre bosnios, serbios y croatas siguen marcando las divisiones en pueblos, barrios, colegios, hospitales.

La división política del país en dos: la República de Sprska i la Federación de Bosnia-Herzegovina, se demuestra impracticable. El país arrastra un alto nivel de desempleo y una baja inversión que impide salir de la precaria situación en que se encuentra. Todo lo contrario que su vecino país de Croacia que crece a un ritmo del 5% del PIB anual gracias al turismo y la industria. Parte de esta bonanza repercute a los bosnios-croatas con reasentamientos, mejora de sus hospitales y la construcción de grandes iglesias católicas.

Sarajevo es una ciudad de supervivientes, orgullosa de su tenacidad, soportando cuatro largos años de sitio. El tranvía, uno de los primeros de toda Europa, es todo un símbolo de esta ciudad. Volvió a estar en servicio con el alto al fuego, en el invierno del 95, aunque los francotiradores serbios seguían aterrorizando a la población desde las montañas y los edificios altos. Hoy en día, el aún tímido turismo crea una sensación de normalidad y optimismo en los habitantes de Sarajevo, conscientes de su repercusión positiva en la economía y en los nuevos aires que éste trae a la ciudad. En el centro encontramos cafeterías de diseño y tiendas de las primeras marcas, se respira prosperidad aunque esta ciudad represente un oasis en medio del desierto.

Julio-agosto’07